El devastador incendio que afectó al hotel Viva Wyndham Dominicus Beach, obligando a evacuar cerca de 1,700 huéspedes y movilizando uno de los mayores operativos de emergencia registrados en un resort del Este del país, debe marcar un antes y un después en la arquitectura turística de República Dominicana.
Aunque las causas del siniestro continúan bajo investigación, las propias autoridades han señalado que la rápida propagación de las llamas estuvo asociada a la presencia de techos elaborados con cana, un material altamente combustible que durante décadas ha formado parte de la identidad visual de nuestros hoteles.
La cana ha sido símbolo de tropicalidad, autenticidad y tradición caribeña. Ha contribuido a crear la imagen paradisíaca que millones de turistas buscan al visitar nuestros destinos. Sin embargo, la industria turística dominicana de 2026 no es la misma de hace treinta o cuarenta años. Hoy hablamos de complejos con miles de huéspedes, infraestructuras multimillonarias y exigencias de seguridad cada vez más rigurosas.
La pregunta ya no es si la cana luce bien. La pregunta es si resulta prudente continuar utilizándola en recepciones, restaurantes, bares, áreas de entretenimiento e incluso en bloques de habitaciones donde una chispa, un cortocircuito o un accidente pueden desencadenar una tragedia de enormes proporciones.
Lo ocurrido en Bayahibe debe abrir un debate serio entre autoridades, cadenas hoteleras, desarrolladores, aseguradoras y organismos de seguridad. Existen hoy materiales modernos capaces de replicar la estética tropical de la cana con estándares mucho más elevados de resistencia al fuego y menor riesgo operativo.
La tradición merece preservarse, pero también debe evolucionar. La cana puede seguir formando parte de nuestro paisaje turístico en estructuras de menor tamaño, como palapas de playa, gazebos abiertos o espacios recreativos aislados. Lo que parece cada vez más difícil de justificar es su uso masivo en edificaciones principales que albergan diariamente a miles de personas.
República Dominicana se ha convertido en una potencia turística mundial gracias a su capacidad de adaptarse, innovar y aprender de los desafíos. El incendio del Viva Dominicus debe ser visto precisamente así: como una oportunidad para revisar normativas, fortalecer la prevención y elevar aún más los estándares de seguridad de una industria que constituye uno de los pilares fundamentales de nuestra economía.
Las imágenes de techos ardiendo y huéspedes siendo evacuados son un recordatorio de que la tradición nunca puede estar por encima de la seguridad. Y quizás haya llegado el momento de aceptar que, en determinadas áreas de nuestros resorts, la era de la cana debe comenzar a quedar atrás.
Por Marcelo Ballester. Editor-Director Online Plus







