La reciente tragedia en la discoteca Jet Set de Santo Domingo, donde lamentablemente se perdieron vidas humanas, no puede limitarse a la condena del hecho aislado. Este suceso es el reflejo de una alarmante falta de control, regulación y supervisión por parte de las autoridades competentes sobre los espacios de entretenimiento en la República Dominicana.
¿Cómo es posible que establecimientos de alto perfil, frecuentados por turistas y locales por igual, operen sin protocolos de seguridad efectivos, sin planes de evacuación claros y sin la inspección constante que demanda una industria que se dice madura?
La respuesta está en la permisividad institucional, en una estructura que prefiere reaccionar ante la tragedia en lugar de prevenirla. Mientras el país celebra cifras récord de visitantes, la base que sostiene ese crecimiento—la seguridad, la imagen y la confianza—se desmorona cuando ocurren hechos como este.
La marca país se construye con algo más que campañas de promoción y pabellones brillantes en ferias internacionales. Se construye con responsabilidad, transparencia, cumplimiento de normas y, sobre todo, respeto por la vida. Cualquier debilidad en ese sistema no solo cobra vidas, también deteriora la reputación internacional de un destino que compite globalmente por inversión y turismo.
Es hora de que el sector público y privado actúen con firmeza. Porque sin seguridad, no hay industria turística sostenible.
Marcelo Ballester / Director Editor Online Plus






