El destino Punta Cana cobra cada vez mas notoriedad por la gran cantidad de inversiones privadas en materia turística, en los próximos años se esperan una avalancha de nuevas habitaciones, construcción de nuevos hoteles y crecimiento en la infraestructura residencial que incluirá condominios turísticos y casas para el habitante local. Todas estas inversiones son posibilitadas por el buen clima de negocios, seguridad jurídica y estabilidad política que nuestro gobierno muestra al mundo y como meta para conseguir los tan anhelados 10 millones de turistas en los próximos 10 años. Todo este esfuerzo se ven opacado por unos pocos que rompen con la tranquilidad y seguridad con la que contamos, produciendo desmanes y destrozos con el sólo objetivo del provecho propio o de unos pocos. Los acontecimientos ocurridos en la playa de Los Corales, donde una turba compuesta por policías armados junto a una pandilla de civiles, comandado por un inescrupuloso abogado, destrozaron dos de los bares más icónicos de nuestro distrito Soles y Bamboo, posiblemente para allí construir algún proyecto que dejará ganancias a algún poderoso. Estos hechos realizados impunemente a plena luz del día, con vía libre por las fuerzas del orden y a la vista de cientos de asombrados turistas, demuestra lo poco que las autoridades se preocupan por el pequeño comerciante, dejándolos a su suerte ante estos cobardes atropellos que quedará marcado para siempre en nuestra corta historia, cómo «el día que el más grande se deshizo del pequeño estorbo».
Marcelo Ballester









