La cocina de un reducido bar en un pequeño pueblo de Francia no da abasto desde que le fue otorgada una estrella Michelin por error.

Se trata de Bourges’ Bouche à Oreille, un espacio con manteles de plástico que suele ser visitado por trabajadores al mediodía y que en su menú suele ofrecer lasagna o bife con alguna guarnición.

Según sus clientes es muy agradable, pero su carta lejos está de incluir una copa de champán o platos como langosta y centolla gratinada y postres con chocolate, como los que ofrece el Bouche à Oreille que se encuentra 200 kilómetros hacia el norte, en Boutervilliers, Essonne, donde comer cuesta desde los 48 euros.

Ocurre que la destacada guía Michelin confundió dos locales gastronómicos que comparten “Bouche à Oreille” en su nombre.

Véronique Jacquet, la dueña del pequeño café, no estaba acostumbrada a que sus clientes llamaran para hacer una reserva. Pero ahora, aseguró en diálogo con el periódico Le Parisien, el teléfono no deja de sonar y ella no tiene más mesas para ofrecer. “No tenemos tanto espacio”, explicó.

Mientras que la inesperada publicidad atrajo cientos de nuevos comensales, Claire Dorland-Clauzel, uno de los directores de Michelin, aseguró a la prensa francesa que ya se disculpó con ambos establecimientos.

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